sábado, 13 de noviembre de 2010

Los concursos de belleza

Cuando el rey Peleo celebró sus bodas con la ninfa de mar Tetis, invitó a todos los dioses del Olimpo, pero omitió a Eride, deidad de la discordia. Según la mitología griega, ella, en venganza, solicitó a las Hespérides una manzana de oro de su jardín, sobre la que grabó la palabra kallisti (para la más hermosa). El día la fiesta, apareció inadvertidamente y depositó dicha esfera sobre la mesa donde cenaban los asistentes, indicando que se debía entregar a la mujer más bella (la manzana de la discordia). Hera, Atenea y Afrodita se disputaron el título ante Paris, príncipe de Troya y juez designado por Zeus para tal elección.

La primera ofreció al joven todo el poder que pudiera desear, o el título de Emperador de Asia; la segunda, sabiduría o la posibilidad de vencer en todas las batallas; la última, el amor de la más bella mujer del mundo. Al decidirse por la tercera, Paris selló la perdición de su pueblo, pues esa mujer era Helena, esposa del rey de Esparta, Menelao. El príncipe la raptó y llevó a Troya, desencadenando la guerra en la que su ejército fue derrotado.

Este episodio épico es conocido como el Juicio de Paris, que atañe a nuestro tema de hoy pues es la primera referencia escrita sobre un concurso de belleza.

Aterrizando en territorios mortales, Europa cuenta con las prácticas históricas más antiguas de tal celebración, pues desde la Edad Media se seleccionaron reyes y reinas simbólicos para conmemorar diferentes ocasiones. Sin embargo, su atributo no siempre era la belleza, sino diferentes habilidades o características únicas.

Fue en Estados Unidos donde se concibió la idea moderna de los certámenes de belleza, en 1854. Aunque sin éxito, el hombre de negocios Phineas Taylor Barnum ideó un concurso de esta naturaleza, pero la mala reputación de las participantes y las protestas por parte de los ciudadanos ‘guardianes de la moral’, acabaron con su rentabilidad. Como plan alternativo, Barnum desarrolló entonces otra competencia, en la que se elegía a la mujer más hermosa a través de fotografías, las cuales eran exhibidas en su museo. Las diez finalistas recibían un retrato al óleo y la inclusión de su foto en el libro World's Book of Female Beauty.

Como esta segunda idea sí fue aceptada, y se vio que –en efecto- las mujeres hermosas eran un excelente gancho publicitario, diferentes reinados (ya en persona) comenzaron a aparecer. Un ejemplo fue el de 1880, con sede en Rehoboth Beach, Delaware, ambientado en la playa y dirigido a promocionar diferentes productos que se usaban en la región. El más elaborado de este estilo nació en 1921, con Atlantic City (New Jersey) como sede. El periodista Herb Test le dio a la ganadora el nombre de Miss America, originando este conocido certamen que aun hoy existe (aunque fue suspendido entre 1929 and 1932, por la Gran Depresión).

‘Señorita América’ después daría origen a ‘Miss Universo’, cuando Yolanda Betzebe, ganadora del título en 1951, se negó a usar en público un vestido de baño de la marca patrocinadora, recibiendo el apoyo de los organizadores del evento. La firma, sintiéndose ‘traicionada’, creó otro concurso donde no tuviera esas dificultades, y que además fuera abierto a todo el mundo.

Así, la primera reina universal fue la finlandesa Armi Helena Kuusela Kovo, coronada en 1952, en el Centro Internacional de Convenciones de Long Beach (California). ‘Miss Universo’ fue transmitido por primera vez en televisión a color en 1962, y una década después comenzó a rotar su lugar de celebración. Pese a la gran acogida que tuvo inicialmente, en 1996 se vio al borde de la quiebra; fue en este momento cuando el multimillonario Donald Trump se convirtió en su propietario, dándole el impulso necesario para convertirse en la gran ocasión que es actualmente. A lo largo de sus 58 años de vigencia, ha recibido participantes de 166 naciones, las cuales son admiradas cada año por alrededor de 1.000 millones de personas en todo el mundo, durante la velada de coronación.

En el Viejo Continente, es Gran Bretaña la sede de los concursos de belleza más importantes. El primero se realizó en 1945, bajo el rótulo de Bathing Beauty Queen, en Morecambe. La ganadora recibía siete guineas y una canasta de frutas; más tarde, el premio ascendió a 1.000 libras esterlinas. Llegado el año 1956, el concurso cambió su nombre a Miss Great Britain, que mantiene hasta hoy.

En esta isla también se realizó la primera edición de Miss World, añadida al Festival de Bretaña de 1951. Televisada por BBC desde 1959, llegó a tener una audiencia de 27,5 millones de personas, solamente en la región, más que la Copa Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos.

Hoy en día es uno de los concursos internacionales de belleza más importantes, junto con Miss Universo, Miss International, Miss Earth y Miss Tourism Queen International. Adicionalmente, en el mundo se realizan alrededor de 3.000 certámenes más.

En Colombia, la primera edición del reinado nacional (‘Señorita Colombia) se llevó a cabo en 1933, para celebrar los 400 años de fundación de Cartagena de Indias, sede del concurso. En esta oportunidad, la ganadora fue Yolanda Emiliani Román, representante del departamento de Bolívar, quien sostuvo el título por trece años, ya que no se volvió a realizar hasta 1947, debido a la coyuntura política (II Guerra Mundial). En su segunda edición, el título se quedó en Bolívar, con María de la Piedad Gómez Román, prima de su antecesora, quien le entregó la corona. El evento se siguió celebrando cada dos años hasta 1961, cuando comenzó a ser anual.

En 1957, la señorita Colombia fue Doris Gil, antioqueña, quien abdicó para casarse dando el título a Luz Marina Zuluaga, nacida en Pereira y representante del departamento de Caldas (Viejo). Fue la primera delegada de nuestro país en ir a ‘Miss Universo’, y ganó, en 1958. Hasta el día de hoy, ninguna otra ha logrado alcanzar este lugar nuevamente.

Algunos ‘records’

Estados Unidos es el país que ha ganado más veces en ‘Miss Universo’, un total de siete coronas; le sigue Venezuela, con seis; y Puerto Rico, con cinco.

Mary Katherine Campbell fue la única mujer elegida dos años consecutivos como Miss Universo (1922-1923). A partir de este suceso, se decidió que nadie podía aspirar al título más de una vez.

Venezuela es el país que ha ganado más coronas internacionales, pues, fuera de las conseguidas en ‘Miss Universo’, se le suman cinco con ‘Miss Mundo’. Además, sólo esta nación ha tenido dos reinas universales en forma consecutiva (2008 y 2009).

Los únicos países que han participado en todas las ediciones de ‘Miss Universo’ son Canadá y Francia, ya que Estados Unidos fue descalificado en 1957. Sin embargo, es el que ha clasificado más veces a las semifinales, en 54 ocasiones.

Suecia, con tres títulos en este mismo certamen, es el país que más veces ha salido vencedor en su continente.


Tanto como en sus inicios, los concursos de belleza siguen siendo foco de críticas, con respecto a que exponen de forma inapropiada a las mujeres. Aunque muchos de ellos han incorporado pruebas de habilidad y talento, tratando de mitigar la percepción de que las candidatas sólo se presentan para forrar y descubrir sus cuerpos perfectamente esculpidos (natural y/o artificialmente), la verdad es que la triunfadora siempre es la mejor dotada físicamente.

Sin embargo, esto no quiere decir que a ellas se las ‘ofrezca’ como ‘ganado’ o ‘mercancía’, sólo por el hecho de que son bellas y participan para que un grupo de jurados defina quién de todas lo es más. En mi concepto, siempre que el común de la población advierte que una persona recibe beneficios gracias a su físico, siente un resquemor interno que le impulsa a levantarse en contra. Muy en el fondo, no es que moleste la elección de estos ‘modelos perfectos’, sino que los demás no lo sean.

martes, 2 de noviembre de 2010

¡Cumbia!

Va subiendo la corriente, con chinchorro y atarraya, la canoa de bareque, para llegar a la playa. La luna espera sonriente, con su mágico esplendor, la llegada del valiente, el alegre pescador… (El pescador, por José Barros)

Tiene la facultad de erizar la piel de los extranjeros al tañer de sus tambores, puede revivir a los muertos, alegrar una noche vacía, sonar melodiosa en cualquier garganta, hipnotizar con su cadencia y grabarse con tinta indeleble en la memoria.

¿De qué hablo?

La cumbia es un ritmo musical y un tipo de baile folclórico, autóctono de la Costa Caribe colombiana. De ella provienen géneros tan conocidos como el porro, el paseo, el son, la puya, el fandango y hasta el bullerengue.

Nace en el valle del río Magdalena, más particularmente en la zona denominada ‘depresión momposina’. Comprende diversas poblaciones de tres departamentos: Magdalena, Cesar y Bolívar.

Surge y evoluciona lentamente, desde el momento en que confluyen tres culturas dispares: los indígenas nativos, los negros africanos y los colonizadores españoles, comenzando el siglo XVI.

Deriva de los areitos (palabra que traduce ‘bailar cantando’), pregones de los esclavos que se usaban como recurso mnemotécnico para mantener la tradición oral de su cultura. Danzaban en ronda, dentro de la cual se ubicaba un orador, rodeado por músicos con sus instrumentos, y detrás los bailarines que daban vueltas con sus brazos en lo alto, sosteniendo candiles. Utilizaban la flauta de millo, diversos tambores (llamador, alegre y tambora) y maracas.

Con el tiempo, la letra fue abarcando temas más cotidianos, y el baile se fue haciendo más y más sensual, alimentado por los expresivos movimientos que desde siempre han caracterizado a los afro descendientes. La vestimenta, por su parte, fue atravesada por la iconografía flamenca, incorporando las faldas largas (polleras), encajes y flores en el pelo; para los hombres, camisa y pantalón blancos, pañuelo rojo al cuello y sombrero (similar al atuendo típico de los encierros de San Fermín en Pamplona, España). Se adicionaron elementos locales, como el guache, la guacharaca y las gaitas del Pacífico (hembra y macho).

Así trascendió, hasta que en 1950 se grabaron las primeras cumbias para comercializar, siguiendo una línea conservadora a nivel instrumental (flauta de millo y tamboras). Por la misma época, Lucho Bermúdez, el principal exponente de los ritmos autóctonos en toda la historia de Colombia, lanza la canción Danza negra, mejor conocida como Cumbia colombiana, interpretada por Matilde Díaz. Él fue el responsable en la adaptación de la cumbia a orquesta completa. Una de sus piezas más conocidas es nada más y nada menos que Prende la vela, perteneciente al género mapalé.

En la misma década se destacaron artistas como Pacho Galán (creador del merecumbé), compositor solista y arreglista de la Atlántico Jazz Band; Juan Jiménez ‘Guayaspa’ (cumbia cienaguera); y Efraín Mejía (cumbia soledeña). Posteriormente lograron gran reconocimiento grupos como Los Gaiteros de San Jacinto, Los Corraleros de Majagual, Los Hispanos, Los Graduados, y Billo’s Caracas Boys.

Hoy en día contamos con múltiples variaciones de la cumbia, tanto dentro como fuera del país. Aunque prácticamente hay una por cada población de la costa, se pueden clasificar en cuatro grupos: clásica, forma más pura, netamente instrumental; moderna, incluye voces; vallenata, incorpora el acordeón; y cumbiamba, propia del Carnaval de Barranquilla, de ritmo más rápido, mayor instrumentación y baile muy animado.

Fuera del país, podemos resaltar el cumbión tropical, combinado con merengue, que usa aires metálicos (saxofones barítonos), y fue creado por la orquesta venezolana Billo's Caracas Boys; es lo que en Colombia conocemos como chucu chucu, teniendo como ejemplo claro la canción Pasito tun tun. La cumbia villera, propia de las villas miseria (barrios populares) de Buenos Aires –Argentina-, e influenciada por ritmos andinos. Y tres vertientes mexicanas: tropical, caracterizada por instrumentos cubanos como trompetas, trombones y timbales (bautizada así porque en ese país llaman ‘música tropical’ a todos los ritmos del Caribe); cumbia rock, adornada por batería y guitarra eléctrica (precedente de la Tecnocumbia); y sonidera, rama más reciente, con mezclas y efectos electrónicos creados por DJ's (sonideros).

¿Y ahora qué?

En cuanto al presente y al futuro de la cumbia, particularmente la colombiana, hay que decir que, si bien algunos pocos exponentes preservan los lineamientos originales del ritmo (Los Gaiteros de San Jacinto, Totó La Momposina, Petrona Martínez y Maria Mulata), el camino está claramente trazado hacia la fusión, buscando aceptación entre el público joven local y proyección internacional.

En este segundo grupo se destacan: Humberto ‘El Mago’ Pernett, Sidestepper, Érika Muñoz, Bomba Estéreo, Son Mocaná y Checo Acosta, entre otros.

Irónicamente, a nivel internacional ha tenido mayor difusión la cumbia de otros países, como la argentina o la mexicana. Cabe resaltar que, en parte, su éxito se debe a que los habitantes apoyan fielmente sus tradiciones musicales, y las prefieren –en muchos casos- a corrientes que vengan del exterior. No quiero decir con esto que en Colombia rechacemos la cumbia, pero cabría analizar qué tanto estamos aportando a su preservación y trascendencia, así como en el apoyo a nuevas agrupaciones.

Por esa razón, quiero cerrar esta entrada reconociendo la valiosa labor de artistas, blogueros, emisoras y fundaciones que se dedican a la promoción de la cumbia y los demás géneros autóctonos (que son muchos), porque –considero- que han encontrado una única y extraordinaria forma de ‘hacer país’. El sentido patriótico debe ir más allá de las manillas tricolor y el café. Valdría la pena preguntarse en qué otros espacios está faltando presencia.